A hombros de una Diosa

publicado en: Los atardeceres de..., portada | 0

Hay atardeceres que se hacen espectaculares por sí mismos. El típico sol filtrado por las nubes creando esos rayitos que parecen provenir de una divinidad. Otros por la compañía, que hace que el hecho de que llueva y truene fuera sea el mejor atardecer de tu vida… Otros, y de estos hemos visto en esta página unos cuantos, por la localización. Hay sitios que ensalzan un simple atardecer hasta elevarlo a otra categoría.

Y hay otras veces en las que se junta todo. Un cielo precioso, de los míticos; una compañía excelente… y un marco dorado que cierra el círculo virtuoso.

Es que, al Palacio de las Comunicaciones no se muy bien cómo definirlo para estar a su altura (nunca mejor dicho). Mi cuasi obsesión patológica por Antonio Palacios probablemente hablaría por mí, así que no destacaré la profusión de detalles de todo el edificio; las ganas por hacer de un lugar una experiencia en sí mismo. Es una explosión de gusto por el detalle. Mejor ver, que se diría de cualquier edificio en venta, pero en este caso porque las palabras no son suficientes.

Donde sí he de emplearme a fondo -también porque es el motivo de esta serie de artículos, ¿no?- es en describir el atardecer y daros algún consejo para cuando subáis. Y no, no digo “por si subís”, porque doy por hecho que todo el que tenga apego a Madrid y a su cielo ha de subir por lo menos una vez.

Primera recomendación, subir con bastante tiempo. Lógicamente aquí os enseñáré las fotos del atardecer, que obviamente dan al oeste, pero hay 360 grados que disfrutar de este excelente mirador. Un día me tomaré mi tiempo para disfrutarlo sin prisa. Así que disfrutadlo antes del gran espectáculo.

Una vez se empiece a ocultar el sol, ahora sí, concentraos en la zona del oeste. Se pueden contar muchas cosas y muy bonitas de Madrid desde aquí arriba, hay tantos elementos que la definen juntos… Aquí, para daros menos la paliza, dejaré que hablen mis fotos por mí, pero una cosa os he de decir… con un mínimo de suerte meteorológica vuestras retinas y vuestras tarjetas de memoria tardarán en olvidarlo.

Si Newton decía que había visto tan lejos porque veía subido a hombros de gigantes, recordad que vosotros estais subidos a los hombros de la Cibeles.

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