Del Cielo a Madrid

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Si me dicen, cuando empecé a perder horas de sueño allá por 2015, que iba a ver amanecer en la Cúpula de la Almudena, seguramente pensaría que es uno de mis compañeros de amaneceres. Pero no los de las fotos, sino los que se retiran de fiesta perjudicados.
Jamás se me pasó por la cabeza, cuando daba paseos mañaneros por Madrid, que podría hacer esto mismo pero casi volando.
Cuando mi amigo del Museo de la Catedral me lo propuso no sabíamos la dimensión que tomaría, ni mucho menos el resultado tan magnífico que conseguiríamos. La ilusión que provocó fue enorme. Organizamos a toda prisa el concurso para poder compartirlo y fue espectacular. Fue una semana dura, pero ilusionante. Si en mi mano está repetir la experiencia, mañana mismo organizamos otro. No sabré como agradecer a mi amigo poder formar parte de algo así.
Después de pasarnos los días pegados a las redes y al cargador del móvil llegó el momento.
No podía imaginar lo imponente que resultaba la Catedral en la soledad de la madrugada más solitaria. Estábamos expectantes, radiantes, y si, dormidos. Casi ninguno durmió la noche anterior. Subir allí arriba, horas antes de que cualquiera vaya a subir, con todo apagado, es excitante.
Colocamos todo, íbamos con tiempo. La cosa prometía que no iba a ser una mañana de las frustrantes, que no todo son cielos velazqueños cada vez que nos levantamos. De hecho cuando ha coincidido que viene algún novato y sale un amanecer brutal, tengo que esforzarme por explicar que esto no siempre ocurre.
Pero ocurrió.
Empezó por abrir un cielo azul oscuro con texturas. Alguna línea, un poco de algodón… Y empezó la fiesta. Según se iba aclarando la mañana la paleta de colores se enriquecía. Azules turquesa, rosas, rojos anaranjados… Y mientras tanto, ajeno al espectáculo, Madrid a sus ronquidos. Reinaba un silencio respetuoso con lo que ocurría. Nosotros tampoco podíamos apenas articular palabra. Puede que fuera por el frío, puede que fuera porque no podíamos creérnoslo. Sería por lo segundo, porque la sonrisa se nos quedó durante el día.
Un espectáculo único.
No pude hacer muchas fotos en el momento, y por una vez no me importó. No era mi día. Era el día del Cielo. Del Cielo a Madrid.

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