El Cielo de Alcalá

El Cielo de Alcalá

publicado en: Los atardeceres de..., portada | 0

Es mucho más que un topicazo que existe una relación muy íntima entre Madrid y su cielo. No voy a cansaros con esto. Es sólo que esta vez no he mirado hacia él, he estado allí. Y me lo he pasado en grande.

Lo normal es que tengas los pies en la tierra y te asomes al infinito. Que lo veas lejos.  Te esfuerces por meter un cielo entero en 16/9 de foto, en un puñado de megapíxeles, pero siempre con la sensación de que se te escapa, que se ríe alejado.

Aquí es diferente. Pero empecemos por el principio, será lo mejor.

Como las mejores cosas de este mundo, no está a la vista de todos. Los que nos hemos acostumbrado a mirar a Madrid hacia arriba, a veces nos encontramos con algún tesoro. Y ahí, tras la imponente Casa Árabe, una coqueta piscina infinita. Desde abajo tenía claro qué buscaba, lo que no sabía es lo que iba a encontrar.

Al salir a la azotea Madrid se alboroza: El Madrid más reconocible brinca delante tuya. La blancura perfecta de la Basílica de la Concepción de Nuestra Señora en Goya, las juguetonas cuatro torres (pocos sitios recuerdo en los que no se vean más que tres), las Torres Colón… hasta la hermana única de las Torres Blancas. Todo, junto, para ti. Nada más empezar.

Disfruta de la vista. Haz alguna foto, pero recuerda que lo mejor está por llegar… Préstale atención a la cúpula del edificio de la calle Alcalá 121 que tienes a la derecha.

Cuando te sientas desenganchado de Madrid, en la parte izquierda de la azotea te vas a encontrar dos infinitos: su vista y su piscina. Podrías pasar horas mirando cosas diferentes. El horizonte queda lejos, muy lejos. Parece que el impresionante torreón de la Casa Árabe sirva de ancla para no perderse.

A la caída de la tarde empieza la “fiesta”. Recomiendo una cosa: no gastes todas tus fuerzas en el atardecer. Es impresionante, si tienes suerte puede ser épico, nada te va a estorbar la vista. Pero si esperas a la noche… La torre del Palacio de Telecomunicaciones (yo lo seguiré llamando así siempre…) y la puerta de Alcalá, iluminadas con mucho acierto, se asoman tímidamente, Santa Cruz al fondo. La Casa Árabe inicia la fiesta del color, bailando. El edificio de Telefónica, al lado, rascando el cielo y jugando con la luna. Y todo subrayado con la vibrante vida nocturna que nos recuerda el tráfico de Alcalá cuando se junta con O’Donnell.

Y si vuelves a la entrada, tendrás un skyline puramente neoyorkino contrastando con la torre de la Basílica, blanca, grandiosa, como un faro para navegantes.

Así que ya ves, pocas azoteas hay en las que te puedas sentir tan cerca del cielo que casi, por un momento, creas que has estado en él.

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