Dominando la Gran Vía

Dominando la Gran Vía

publicado en: Los atardeceres de... | 0

Que Madrid es una ciudad preciosa no lo duda nadie. Sí, con sus problemas, como todos nosotros. Como todas ellas, las ciudades. Que a ras de suelo parece todo más rápido, más importante, más caótico, vale.
Pero por algo se nos conoce a los gatos y es por nuestra capacidad para desenvolvernos por las azoteas como cuando cazamos ratones. Sigilo, paciencia y determinación.
Soy de los que piensa que el cielo de Madrid es un terreno por explorar. Uno sube y todo cambia, en parte. Todo es igual, el caos, la velocidad… Pero abajo. Te asomas a las vidas de otros, y compruebas que te asomas a la tuya propia. Detienes el tiempo. Un atardecer que parece eterno, llena como media vida durante esos instantes en los que los que hacemos fotos nos fijamos.
Poder acceder a ciertos lugares te da otra visión. Acechas Gran Vía como Diosa Cazadora y te reconoces entre la multitud. Formas parte de ella. Y vas a volver a ella. Es solo este instante prestado en el que puedes ver todo de otra manera.
Congelar el tiempo. Curiosamente es una tarea que lleva mucho tiempo, mucha práctica, mucha observación. Aquel que se ha expuesto al virus foto lo sabe: se necesita paciencia, permanecer detenido largo rato en un punto después de componer la escena para que pase… algo. Es lo mejor del juego, que no sabes el resultado, ni siquiera si va a haber alguno. Pero vaya, al final… Ocurre.
Como ocurren todos los atardeceres todos los días, todos iguales, todos diferentes. Al fin y al cabo es lo mismo, ¿no? Pues no.

Y poder verlo al lado de Diana, y prácticamente apoyado en el Edificio Telefónica, tiene su aquel. Es como si vieras lo que este edificio lleva años y años viendo, poder compartirlo.

No es algo que todo el mundo pueda hacer, por eso os traigo algo de lo que salió aquella tarde. Lo que sí es posible disfrutar es la vista privilegiada del tramo más bullicioso de la Gran Vía. La parte más cosmopolita, más vibrante. El majestuoso Edificio Telefónica inicia un tramo en el que todo el mundo está. Y justo enfrente, tú.

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