Una noche de ensueño

Una noche de ensueño

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Supongamos que tienes la ilusión de hacer lo que más te gusta, en un lugar espectacular y, además, en buena compañía. Pues ocurrió. Y mucho más.

He comentado ya alguna vez que la unión de creatividades ahora es mucho más sencilla, se han desdibujado barreras, especialmente las físicas. Da igual en qué parte del mundo estés, de un modo u otro estás conectado con alguien. Siempre ha sido así, ahora esa conexión es más literal, si pensamos en las conexiones de Internet.

Lo que hace de algunas conexiones algo más especial, es que exista continuidad más allá del éter que suponen las redes. Y eso pasa. Pasó en el Ateneo de Madrid.

Con Pilar ya existía esa conexión de creatividades (es un torbellino, ahora que no me está leyendo). Un día tengo que dedicarle algo, ya pensaré (no digo más por si me está leyendo!)

Julio sin embargo era un manantial por descubrir. Conocerse de lejos no es conocerse, hasta que se te pasan dos horas hablando sobre arte en sus diversas formas, y encontrando similitudes entre la música y la fotografía. Confieso que no lo había pensado pero pintamos la música de forma similar; componemos las fotos muy parecido. Lo que iba a ser una sesión de fotografía en un lugar espectacular y, además, en buena compañía abrió una puerta a una visión diferente.

Una vez abierta esta puerta, un mundo nuevo. Suelo usar música de piano para cuando me siento a editar las fotos desde hace bastante tiempo, lo que jamás he hecho ha sido tomarlas con esta misma música. En directo. El autor y yo sólos. Y lo noté, las fotos, la forma de tomarlas, cambiaron. He intentado encerrar en estas fotos esa sensación, en algunas pretendo que se oiga lo que oí.

La noche del concierto quería rematar la faena por todo lo alto. De los que estábamos entre bambalinas el único que no estaba nervioso era el protagonista. No disfruté del concierto como los demás. Lo disfruté más.

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